Tras la pandemia, las dificultades con las que se está encontrando la industria del automóvil para obtener piezas electrónicas, semiconductores y microchips, ha provocado que la Unión Europea busque oportunidades para aumentar la fabricación de estos componentes y ser competitiva en un mercado dominado por China y Estados unidos.

Asimismo, algunos de los grandes fabricantes de productos de consumo han empezado a fabricar internamente sus propios chips para poder seguir haciendo frente a las demandas del mercado y seguir siendo competitivos. Uno de los primeros en seguir esta estela ha sido el gigante Bosch, anunciando la puesta en marcha en Dresde (Alemania) de la segunda fábrica de semiconductores más grande de Europa. Se trata de una de las fábricas de chips más modernas del mundo, altamente automatizada y conectada, abriéndose el camino a la cuarta revolución industrial.

Este hito estratégico tiene gran potencial, y por ello la Unión Europea se ha lanzado a realizar una inversión de 145 millones de euros en proyectos de digitalización con el objetivo de garantizar la competitividad del viejo continente.

La ‘crisis de los microchips’ provocada por el COVID-19, supone un obstáculo para la recuperación económica afectando profundamente al sector, y provocando paros en las cadenas de montaje de algunas plantas por falta de stock de estos componentes. Se prevé que la industria automovilística pase por meses difíciles hasta entrado el 2022.